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martes, 5 de marzo de 2013

Emoción vs. Estado Anímico

 Emoción vs. Estado Anímico

Y por ahí leyendo y leyendo, comprendí que una de las claves para entender y, a la vez, desarrollar lo que algunos psicólogos llaman "inteligencia emocional" es, justamente, distinguir entre una emoción y un estado anímico. 

Las emociones son las respuestas psico-fisiológicas eventuales frente a un estímulo (generalmente externo), con las que el cuerpo puede reaccionar entorno al ambiente. Estas provocan reacciones tanto a nivel orgánico: como cambios faciales (ej. una sonrisa), liberaciones hormonales (ej. endorfina), movimientos involuntarios (ej. dilatación de pupilas), entre otras, como a nivel psicológico: cambio en la atención (ej. atención en el estímulo que ocasiona la emoción), pensamientos (ej. planificación de una estrategia en el caso de sentir miedo) y conductas (ante la alegría la conducta puede ser más relajada). De esto, lo fundamental es entender que las emociones son de corta duración y existen 6 tipos básicos: Alegría, Miedo, Ira, Sorpresa, Desprecio y Tristeza.
De esto último, es también necesario hacer la diferencia respecto a los sentimientos, pues éstos son provocados por las emociones pero son productos de la cognición o el pensamiento, por ejemplo, sentir nostalgia es un sentimiento que combina la alegría y la tristeza, elaborando una construcción imaginaria de alegría respecto al estímulo que me causó la alegría y canalizado a través de una tristeza debido a la privación del mismo estímulo.  

Por el contrario, los estados anímicos presentan a ser de mayor duración y muchos señalan actualmente que son trascendentes al ambientes, o sea, que no dependen ni serían eventualmente una reacción al ambiente, sino que una adecuación a éste. Estos afectar transversalmente el pensamiento, la conducta e, incluso, el sistema orgánico del individuo, siendo, generalmente, el estado anímico no percibido conscientemente por el individuo (o es más difícil de lograrlo). Estos estados son medidos por nivel de actividad y "energía" que tiene la persona, los cuáles van de estados anímicos de poca energía (como en cansancio moral o depresión) hasta estados anímicos de alta energía (como manía o euforia), todos con sus respectivas consecuencias.

Por tanto, ambas cosas son distintas y están presentes simultaneamente, tal como lo podría representar la imagen, donde las líneas moradas representan emociones que duran poco, mientras que la línea azul o roja es una constante que está siempre representando el estado anímico. 

Por esto, antes de evaluar lo que siente intente identificar si es algo momentáneo (emoción) o constante (Estado de ánimo) y así poder tener claridad de lo que va sintiendo por la vida, pues gran parte de los sufrimiento pueden nacer de una confusión de estas dos variables. 

*texto producido por el staff de fromditantearth.blogspot.com, todos los derechos reservados. 

martes, 21 de julio de 2009

La transformación del espíritu

La transformación del espíritu


Una interesante propuesta publicado en 1883 , que podemos interpretar como una alternativa al desarrollo personal:
De Las transformaciones
“Os señalo las tres transformaciones del espíritu: la del espíritu en camellp, la del camello en león y la del león en niño.
Muchas cosas pesadas hay para el espíritu fuerte, sufrido y reverente; su fuerza apetece lo pesado, lo más pesado.
‘¿Qué es pesado?’, pregunta el espíritu surgido, y se arrodilla como el camello, ansioso de transportar pesada carga.
‘¿Qué es lo más pesado?, oh, héroes’, pregunta el espíritu sufrido, ‘para que yo cargue con ello y goce de mi fuerza’.
‘¿No es esto: rebajarse uno para herir su soberbia? ¿Pasar por estúpido para burlarse de su sabiduría?
¿O es esto: alejarse uno de una causa en el momento en que triunfa? ¿Subir a altas cimas para tentar al tentador?
¿O es esto: alimentarse con las bellotas y el pasto del conocimiento y en honor de la verdad pasar hambre del alma?
¿O es esto: estar enfermo y repudiar a los que vienen a consolar, y trabar amistad con palomas que nunca oyen lo que uno quiere decir?
¿O es esto: zambullirse en aguas turbias, si es el agua de la verdad, y no evitar el contacto de frías ranas y sapos calientes?
¿O es esto: amar a los que lo desprecian a uno y dar al fantasma que quiere asustar?’
Con todo eso carga el espíritu sufrido; como el camello cargado se interna en el desierto, así se interna él en su desierto.
Pero en pleno desierto se produce la segunda transformación: la del espíritu en león ansioso de conquistar libertad y mandar en su propio desierto.
Va a buscar a su amo último, decidido a enfrentarse con él y su dios último, a luchar por la victoria con el gran dragón.
¿Quién es el gran dragón que el espíritu ya no quiere aceptar como su amo y dios? ‘¡Tú debes!’, se llama el gran dragón. Pero el espíritu del león proclama: ‘¡Yo quiero!’
‘¡Tú debes!’ está tendido en su camino, reluciente de oro, un monstruo en cuyas escamas todas brilla con el brillo del oro ‘¡tú debes!’
Valores milenarios refulgen en estas escamas, y el dragón más formidable de todos proclama: ‘Todo valor de las cosas refulge de mi cuerpo.
Todo valor está establecido de una vez por todas, y yo soy todo valor establecido’, dice el dragón; ‘no ha de haber más ¡Yo quiero!’
Hermanos, ¿por qué se necesita el león en el espíritu? ¿Por qué no basta la bestia sufrida que se resigna sumisa y reverente?
Establecer nuevos valores, he aquí algo que ni siquiera el león es capaz de hacer; pero conquistar la libertad para la nueva obra, esto sí que se puede hacer.
Conquistar libertad y un santo ¡no!, incluso ante el deber, para esto, hermanos, hace falta el león.
Arrogarse el derecho de fijar valores nuevos, he aquí lo más terrible para todo espíritu sufrido y reverente; se le antoja esto robo y cosa propia de la fiera rapaz.
A él, que en un tiempo veneraba el ‘¡Tú debes!’ como lo más sagrado, le toca ahora hallar incluso en lo más sagrado falacia y arbitrariedad, para que sea robada la emancipación de su amor. Para ese robo es necesario el león.
Pero decid, hermanos, ¿de qué empresa superior a las fuerzas del león será capaz el niño? ¿Por qué tiene que transformarse en niño un león rapaz?
El niño es inocencia y olvido, un nuevo inicio, un juego, una rueda que comienza a girar de forma espontánea, un movimiento inicial, un santo decir ¡sí!
Para el juego de la creación, hermanos, se necesita un santo decir ¡sí! Quiere hacer ahora el espíritu su propia voluntad; perdido para el mundo, se conquista ahora su propio mundo.
Os he indicado las tres transformaciones del espíritu: la del espíritu en camello, la del camello en león y la del león en niño”.
Así hablaba Zaratustra. Se encontraba en esa ocasión en la ciudad llamada “La vaca multicolor”.

*Citado de las págs. 23-24-25 de “Así habló Zaratustra”, F. Nietzsche.
*Texto producido por el staff de fromdistantearth.blogspot.com, todos los derechos reservados.