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jueves, 12 de enero de 2012

Yo amo...

Yo amo...

"Zaratustra miró sorprendido al a muchedumbre. Luego habló así:
"El Hombre es una cuerda tendida entre el animal y el Superhombre, una cuerda tendida sobre un abismo. Es peligroso cruzar, es peligroso caminar, es peligroso mira hacia atrás, es peligroso estremecerse y detener el paso. Lo que tiene de grande el hombre es el ser puente y, no fin; en el hombre puede amarse e ser tránsito y extinción.
Amo a los que no saben vivir sino encaminados en la extinción; pues son los que cruzan el abismo.
Amo a los hombre del gran deprecio, pues son los hombres de las grandes reverencias y flechas de anhelo de alcanzar la otra orilla.
Amo a los que no buscan en otros mundos un motivo para hundirse y sacrificarse, sino que se sacrifican por la tierra, para que surjan en ella el Superhombre.
Amo al que vive para conocer y quiere conocer para que advenga el Superhombre; así quiere hundirse.
Amo al que trabaja e inventa para levantarle la casa al Superhombre y preparar para él la tierra, los animales y las plantas; pues así quiere extinguirse.
Amo al que ama su virtud; pues la virtud es voluntad de extinguirse y flecha de anhelo.
Amo al que no retiene para sí una gota de espíritu, sino que quiere ser en todo el espíritu de su virtud, así cruza como espíritu el puente.
Amo al que hace de su virtud un afán y fatal destino, pues por su virtud quiere seguir con vida y no quiere vivir más.
Amo al que no quiere tener muchas virtudes. Una virtud es más virtud que dos virtudes, pues es más nudo al que se aferra el fatal destino.
Amo a aquel cuya lama se disipa, que no pide gratitud y no devuelve; pues siempre se da entero.
Amo al que cuando lo favorece la suerte de los dados pregunta avergonzado '¿seré un jugador tramposo?'; pues quiere extinguirse.
Amo al que adelanta palabras de oro a sus actos y siempre cumple más de lo prometido; pues quiere extinguirse.
Amo al que justifica a las generaciones por venir y redime a las desaparecidas; pues quiere sucumbir a la humanidad presente. 
Amo al que castiga a su dios, porque lo ama; pues lo ha de perder la ira de su dios. 
Amo a aquel cuya alma es profunda aun en la herida y que es susceptible de sucumbir a cualquier experiencia trivial, pues cruza de buen grado el puente.
Amo aquel cuya alma es profunda aun en la herida y que es susceptible de sucumbir a cualquier experiencia trivial, pues cruza de buen grado el puente.
Amo a aquel cuya alma está llena a rebosar; así que se olvida de sí mismo y todas las cosas están dentro de él, pues todas las cosas lo hunden.
Amo al que tiene el espíritu libre y el corazón libre; pues su mente no es sino la entraña de su corazón lo hunde.
Amo a todos los que son cual gruesas gotas que una por una caen del nubarrón suspendido sobre los hombres; pues anuncian el rayo y, como anunciadores, se hunden.
Yo anuncio el rayo y soy cual gruesa gota que cae del nubarrón; este rayo se llama Superhombre""1


1 Citado de "Así hablaba Zaratustra",  Friedrich  Nietzsche, Ed. Longseller 2005, pág 13-15 

martes, 27 de julio de 2010

Nietzsche y las mujeres

Nietzsche y las mujeres

Más de una vez en mí andanzas de la vida he topado con mujeres a quienes le he comentado de este autor y su reacción no ha sido de las mejores. Es cierto, quizás la imagen que se le ha dado ha sido errónea y muchos de sus escritos bajo una simple leída podrían parecer retrógrados u horripilantes. Pero su obra es polémica cuando la leemos a la ligera y no tomamos conocimieto, no sólo del contexto de su tiempo, sino que además enlazamos el contexto de las mil y un estilos filosóficos y religiosos que encontramos en la obra.

Acá les dejo un estraco de “Así habló Zaratustra” en que habla de las mujeres y puedo admitirles que en la leída me pareció extraño, pero al reeleerlo pude entender su punto de vista llegando hacer extrapolaciones con la actual forma de actuar de la mujer, en especial lo que ocurre, algunas veces, con las madres solteras. Dense el tiempo de leerlo completo y tratar de derribar el prejuicio, si lo tienes, sobre este autor.


“De viejas y jóvenes
¿Por qué te deslizas tan furtivamente por el crepúsculo, Zaratustra? ¿Y qué tienes escondido bajo el manto, con tanta cuidado? ¿Es un tesoro que te han regalado? ¿Es una criatura que te ha nacido? ¿O es que tú mismo, amigo de los malos, andas ahora por los caminos de los ladrones?
“En efecto, hermano”, respondió Zaratustra, “es un tesoro que me han regalado; se trata de una pequeña verdad. Pero es revoltosa como una criatura, y, si no le tapo la boca, chilla que te chilla.
Cuando hoy, a la hora del ocaso, recorría solito mi camino, encontré a una viaje, que me habló a mi alma como sigue:
“Mucho nos han dicho Zaratustra también a las mujeres, pero nuna nos habló sobre la mujer”.
Y le respondí: “Sobre la mujer a de hablarse solamente a los hombres”.
“Háblame también a mí sobre la mujer”, insistió ella. “Soy lo suficientemente vieja como para olvidar al instante tus palabras”.
Accedí al ruego de la vieja y la hablé como sigue:
Todo en la mujer es un enigma, y todo en la mujer tiene una solución: el embrazaro.
El hombre es para la mujer un medio; el fin es siempre el hijo. Pero ¿qué es la mujer para el hombre?
Dos cosas quiere el hombre de verdad: el peligro y el juego. Por eso, quiere a la mujer, que es el juguete más peligroso.
El hombre debe ser educado para la guerra, y la mujer, para solaz del guerrero; todo lo demás son tonterías.
No quiere el guerrero los frutos excdsivamente dulces. Por eso, quiere a la mujer; hasta la mujer más dulce es amarga.
Mejor que el hombre, entiende a los niños la mujer, pero el hombre es más niño que la mujer.
En el hombre de verdad, hay un niño, que quiere jugar. ¡Ea, mujeres, descrubrid el niño que hay en el hombre!
La mujer debe ser un juguete límpio y fino cual la piedra preciosa, nimbado de las virtudes de un mundo por venir.
¡En vuestro amor, mujeres, debe brillar el rayo de una estrella! Vuestra esperanza ha de ser esta: “¡Que de mis entrañas salga el superhombre!”, ¡En vuestro amor debe haber coraje! ¡Con vuestro amor debéis enfrentar al que os infunde miedo!
¡En vuestro amor debe estar vuestro honor! Poco sabe la mujer del honor; que vuestro honor sea amar siempre ás de lo que sois amadas y no quedar nunca en zaga.
Debe temer el hombre a la mujer amante; ella no retrocede ante ningún sacrificio y, fuera de su amor, nada tiene valor para ella.
Debe temer el hombre a la mujer encedida de odio; pues, en el fondo del alma, el hombre es tan sólo maligno, pero la mujer es allí mala.
“¿A quién odia la mujer más enconadamente?”, preguntó el hierro al imán: “A ti te odio más, pues atraes, pero no eres lo suficientemente fuerte como para retenerme”.
La felicidad del hombre reza: yo quiero. La felicidad de la mujer reza: él quiere.
“¡En este momento el mundo ha llegado a la perfección!”, así piensa toda mujer cuando obedece por amar de todo corazón.
Y la mujer debe obedecer y hallarle una profundidad a su superficie.
El alma de la mujer es una superficie, una película movediza e inquieta que sobrenada en aguas poco profundas.
El alma del hombre, en cambio, es profunda; su torrente se precupita por grutas subterráneas. La mujer barrunta su fuerza, pero no la entiende”.
Entonces, me dijo la vieja: “Muchas cosas lindas dices Zaratustra, sobre todo, para la gente joven. Es extraño: poco conoce Zaratustra a las mujeres, y, sin embargo, lo que dice sobre ellas es muy cierto. ¿Será porque en la mujer nada es imposible? ¡Acepta de mí en selak de gratitud una pequeña verdad! ¡Si seré lo suficientemente vieja como para haberla averiguado! Envuélvela bien y tápale la boca: si no, chillará esta pequeña verdad”
“¡Venga mujer tu pequeña verdad!”, dije. Y la vieja habló como sigue: ¿Andas con mujeres? ¡Pues no olvides el látigo!
Así habló Zaratustra.”


*Texto producido por el staff de fromdistantearth.blogspot.com, todos los derechos reservados. Texto citado de “Así hablaba Zaratustra”, Nietzsche, Friedrich (1883).

martes, 21 de julio de 2009

La transformación del espíritu

La transformación del espíritu


Una interesante propuesta publicado en 1883 , que podemos interpretar como una alternativa al desarrollo personal:
De Las transformaciones
“Os señalo las tres transformaciones del espíritu: la del espíritu en camellp, la del camello en león y la del león en niño.
Muchas cosas pesadas hay para el espíritu fuerte, sufrido y reverente; su fuerza apetece lo pesado, lo más pesado.
‘¿Qué es pesado?’, pregunta el espíritu surgido, y se arrodilla como el camello, ansioso de transportar pesada carga.
‘¿Qué es lo más pesado?, oh, héroes’, pregunta el espíritu sufrido, ‘para que yo cargue con ello y goce de mi fuerza’.
‘¿No es esto: rebajarse uno para herir su soberbia? ¿Pasar por estúpido para burlarse de su sabiduría?
¿O es esto: alejarse uno de una causa en el momento en que triunfa? ¿Subir a altas cimas para tentar al tentador?
¿O es esto: alimentarse con las bellotas y el pasto del conocimiento y en honor de la verdad pasar hambre del alma?
¿O es esto: estar enfermo y repudiar a los que vienen a consolar, y trabar amistad con palomas que nunca oyen lo que uno quiere decir?
¿O es esto: zambullirse en aguas turbias, si es el agua de la verdad, y no evitar el contacto de frías ranas y sapos calientes?
¿O es esto: amar a los que lo desprecian a uno y dar al fantasma que quiere asustar?’
Con todo eso carga el espíritu sufrido; como el camello cargado se interna en el desierto, así se interna él en su desierto.
Pero en pleno desierto se produce la segunda transformación: la del espíritu en león ansioso de conquistar libertad y mandar en su propio desierto.
Va a buscar a su amo último, decidido a enfrentarse con él y su dios último, a luchar por la victoria con el gran dragón.
¿Quién es el gran dragón que el espíritu ya no quiere aceptar como su amo y dios? ‘¡Tú debes!’, se llama el gran dragón. Pero el espíritu del león proclama: ‘¡Yo quiero!’
‘¡Tú debes!’ está tendido en su camino, reluciente de oro, un monstruo en cuyas escamas todas brilla con el brillo del oro ‘¡tú debes!’
Valores milenarios refulgen en estas escamas, y el dragón más formidable de todos proclama: ‘Todo valor de las cosas refulge de mi cuerpo.
Todo valor está establecido de una vez por todas, y yo soy todo valor establecido’, dice el dragón; ‘no ha de haber más ¡Yo quiero!’
Hermanos, ¿por qué se necesita el león en el espíritu? ¿Por qué no basta la bestia sufrida que se resigna sumisa y reverente?
Establecer nuevos valores, he aquí algo que ni siquiera el león es capaz de hacer; pero conquistar la libertad para la nueva obra, esto sí que se puede hacer.
Conquistar libertad y un santo ¡no!, incluso ante el deber, para esto, hermanos, hace falta el león.
Arrogarse el derecho de fijar valores nuevos, he aquí lo más terrible para todo espíritu sufrido y reverente; se le antoja esto robo y cosa propia de la fiera rapaz.
A él, que en un tiempo veneraba el ‘¡Tú debes!’ como lo más sagrado, le toca ahora hallar incluso en lo más sagrado falacia y arbitrariedad, para que sea robada la emancipación de su amor. Para ese robo es necesario el león.
Pero decid, hermanos, ¿de qué empresa superior a las fuerzas del león será capaz el niño? ¿Por qué tiene que transformarse en niño un león rapaz?
El niño es inocencia y olvido, un nuevo inicio, un juego, una rueda que comienza a girar de forma espontánea, un movimiento inicial, un santo decir ¡sí!
Para el juego de la creación, hermanos, se necesita un santo decir ¡sí! Quiere hacer ahora el espíritu su propia voluntad; perdido para el mundo, se conquista ahora su propio mundo.
Os he indicado las tres transformaciones del espíritu: la del espíritu en camello, la del camello en león y la del león en niño”.
Así hablaba Zaratustra. Se encontraba en esa ocasión en la ciudad llamada “La vaca multicolor”.

*Citado de las págs. 23-24-25 de “Así habló Zaratustra”, F. Nietzsche.
*Texto producido por el staff de fromdistantearth.blogspot.com, todos los derechos reservados.

viernes, 26 de junio de 2009

El cambio de Zaratustra

El cambio de Zaratustra

Así comenzó el cambio en Zaratustra, cuando vagaba por el bosque luego de haber sido rechazado por la multitud cuando anunció al súperhombre...
"Zaratustra durmió durante largo tiempo, y no sólo el alba, sino también la mañana, pasó sobre su rostro. Finalmente, abrió sus ojos; con sorpresa, fijó su mirada en la quietud del bosque y en su propio interior. Luego, se levantó con rapidez como el navegante que divisa de repente tierra firme, y se exultó, porque acaba de revelarse una nueva verdad. Y dijo para sus adentros: “Me doy cuenta de que necesito tener compañeros vivos, no muertos y cadáveres que llevo conmigo adonde se me antoje. Necesito tener compañeros vivos que me sigan porque desean seguirse a ellos mismos, adonde se me antoje. Me doy cuenta de que no he de hablar a la gente, sino a compañeros. ¡No será Zaratustra pastor y mastín de rebaño! Separar a muchos del rebaño, ésa es mi misión. Debo de parecerles odioso a la gente y al rebaño. Zaratustra quiere que los pastores lo tilden de ladrón. Digo pastores; pero ellos mismos se llaman los fieles del credo justo. ¡Mirad a los buenos y a los justos! ¿Quién provoca su odio más enconado? Aquel que quiebra las tablas de sus valores, el quiebratablas, el ‘corrompido’, es decir, el hombre creador. ¡Mirad a los fieles de todos los credos! ¿Quién provoca su odio más enconado? Aquel que quiebra las tablas de sus valores, el quiebratabla, es decir el hombre creador. El hombre creador busca compañeros, no cadáveres, ni tampoco rebaños ni seguidores de credos. El hombre creador busca a los que creen junto con él, a los que inscriben valores nuevos con tablas nuevas. El hombre creador busca compañeros y a quienes lo ayuden a levantar la cosecha; porque todo en él ha madurado. Si le faltan cien hoces, arranca espigas con fastidios. El hombre creador busca compañeros y a quienes sepan afilar sus hoces. Se los denunciará como hombres que destruyen y repudian el bien y el mal. Sin embargo, ellos serán los que se cosechan y se alegran con la labor cumplida. Zaratustra busca a quienes creen, cosechen y se alegren junto a él. ¡Qué tiene que ver él con rebaños y pastores y cadáveres! ¡Adiós, primer compañero mío! Te he dado buena sepultura en el tronco huevo de este árbol; te he cuidado bien de los lobos. Ha llegado el momento de separarme de ti. Entre aurora y aurora me ha sido revelada una nueva verdad. No he de ser pastor, ni sepulturero. No hablaré más de la gente; por última vez he hablado a un muerto. Voy a juntarme con los que crean, con los que cosechan, con los que celebran la obra cumplida. Voy a molestarles el arco iris y todos los peldaños del superhombre. Voy a cantar mi canción a los solitarios; y a quien aún pueda oír lo inaudito le voy a henchir el corazón de mi felicidad. Voy a dirigirme hacia mi meta. Despejaré mi camino, de los vacilantes y flojos. ¡Mi marcha será así su marcha fúnebre!"


*Pág.21, Así habló Zaratustra, F. Nietzsche.

martes, 31 de marzo de 2009

¡Os anuncio al Superhombre!

¡Os anuncio al Superhombre!
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La noche del pasado lunes y debido a un insomnio, es que comencé a releer el libro 'Así habló Zaratustra' de Fiedrich Nietzsche y me pareció muy interesante compartirles el siguiente texto que justamente explica, en parte, lo que es el ya famoso término del 'Superhombre'.
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Entonces, a continuación les dejó un breve extracto de la película 'When Nietzsche Wept' (2007) y otro extracto transcrito del prólogo del libro ya mencionado. Éste último fue tomado del libro 'Así hablaba Zaratustra' (1883), de F. Nietzsche, Págs. 11-15.

3
Cuando Zaratustra llegó a la ciudad más próxima, situada a la vera de los bosques, encontró la plaza repleta de gente; se había anunciado que actuaría un equilibrista. Y Zaratustra se dirigió a la muchedumbre y le habló así:
“Os anuncio al Superhombre. El hombre es algo que debe ser superado. ¿Qué habéis hecho vosotros para superarlo?
Hasta ahora, todos los seres se han superado creando; ¿y vosotros queréis ser el reflujo de este gran flujo y retroceder hasta la animalidad, antes que superar al hombre?
¿Qué es el mono para el hombre? ¡Irrisión o penosa vergüenza! Así también el hombre ha de ser para el Superhombre irrisión o penosa vergüenza.
Habéis evolucionado del gusano al hombre, y hay en vosotros todavía mucho del gusano. En un tiempo, fuisteis monos, y todavía el hombre es más mono que ningún mono.
Y hasta el más sabio de vosotros no es más que un ser híbrido, mitad planta mitad fantasma. ¿Acaso os enseñó a llegar a ser fantasmas o plantas?
¡Os anuncio al Superhombre!
El Superhombre es el sentido de la tierra. Que vuestra voluntad diga: ¡sea el Superhombre el sentido de la tierra!
¡Os pido, hermanos, que permanezcáis fieles a la tierra y no creáis a los que os hablan de esperanzas supra terrenales! Son envenenadores, consientes o inconscientes.
Desprecian la vida; llevan dentro de sí el germen de la muerte, y ellos mismos están envenenados . La tierra está cansada de ellos; ¡que mueran, pues, de una vez!
En otros tiempos, pecar contra Dios era el pecado más grave; pero Dios murió, y con él murieron también esos pecadores. Ahora, lo más graves es pecar contra la tierra y poner las entrañas de los inescrutables por encima de la tierra.
En otros tiempos, el alma despreciaba al cuerpo; y en aquel entonces, este desprecio era lo máximo. El alma quería un cuerpo flaco, repugnante y raquítico. Así entendía escaparse de él y de la tierra.
Ah, pero esa alama era aún flaca, repugnante y raquítica; ¡y la crueldad era su voluptuosidad!
Y decid, hermanos: ¿qué expresa vuestro cuerpo acerca de vuestra alma? ¿No es vuestra pobreza e inmundicia y alegría vil?
En verdad os digo que el hombre es un río inmundo. Hay que ser un mar para poder recoger un río sin ensuciarse.
Os anuncio al Superhombre: él es este mar: en él puede desembocar nuestro gran desprecio.
¿Qué es lo más grande que os es dable experimentar? ¡La hora del gran desprecio! ¡La hora en que estéis asqueados incluso de vuestra felicidad, como también de vuestra cordura y vuestra virtud!
La hora que digáis: ‘¿Qué importa mi felicidad? Es pobreza e inmundicia y alegría vil. ¡Pero mi felicidad debía justificar la existencia!’
La hora que digáis: ‘¿Qué importa mi cordura? ¿Acaso apetece el saber como el león su alimento? ¡Es pobreza e inmundicia y alegría vil!’
La hora que digáis: ‘¿Qué importa mi virtud? Nunca aún me ha enardecido. ¡Qué harto estoy de mi bien y de mi mal! ¡Todo es pobreza e inmundicia y alegría vil!’
La hora que digáis: ‘¿Qué importa mi justicia? No veo que yo sea brasa y carbón. ¡Pero el justo es brasa y carbón!’
La hora que digáis: ‘¿Qué importa mi compasión? ¿No es la compasión la cruz en que es clavado quien ama a los hombres? Pero mi compasión no es una crucifixión.’
¿Habéis hablado así alguna vez? ¿Habéis gritado así alguna vez? ¡Ojalá os hubiera oído gritar así!
No vuestro pecado, sino vuestra parsimonia clama al cielo; ¡vuestra parsimonia, incluso en el pecar clama al cielo!
¿Dónde está el rayo cuya lengua de fuego os lamerá? ¿Dónde está la locura que os será inoculada?
Os anuncio al Superhombre: ¡él es este rayo y esta locura!”
Después de que Zaratustra habló así, uno del gentío gritó:
“¡Estamos cansados de oír del saltimbanqui; ahora lo queremos ver!”.
Y todo el mundo se rió de Zaratustra. Y el equilibrista, dándose por aludido, inició su actuación.

4
Zaratustra miró sorprendido a la muchedumbre. Luego habló así:
“El hombre es una cuerda tendida entre el animal y el Superhombre, una cuerda tendida sobre un abismo.
Es peligroso cruzar, es peligroso caminar, es peligroso mirar hacia atrás, es peligroso estremecerse y detener el paso.
Lo que tiene de grande el hombre es el ser puente y, no, fin; en el hombre puede amarse el ser tránsito y extinción.
Amo a los que no saben vivir sino encaminados a la extinción; pues son los que cruzan el abismo.
Amo a los hombres del gran desprecio, pues son los hombres de las grandes reverencias y flechas del anhelo de alcanzar la otra orilla.
Amo a los que no buscan en otros mundos un motivo para hundirse y sacrificarse, sino que se sacrifican por la tierra, para que surja en ella el Superhombre.
Amo al que vive para conocer y quiere conocer para que advenga el Superhombre; así quiere hundirse.
Amo al que trabaja e inventa para levantarle la casa Superhombre y preparar para él la tierra, los animales y las plantas; pues así quiere extinguirse.
Amo al que ama su virtud; pues la virtud es voluntad de extinguirse y flecha del anhelo.
Amo al que no retiene para sí una gota de espíritu, sino que quiere ser en un todo el espíritu de su virtud, así cruza como espíritu el puente.
Amo al que hace de su virtud su afán y fatal destino, pues por su virtud quiere seguir con vida y no quiere vivir más.
Amo al que no quiere tener muchas virtudes. Una virtud es más virtud que dos virtudes, pues es más nudo al que se aferra el fatal destino.
Amo a aquel cuya alma se disipa, que no pide gratitud y no devuelve; pues siempre se da entero.
Amo al que cuando lo favorece la suerte de los dados pregunta avergonzado: ‘¿seré un jugador tramposo?’; pues quiere extinguirse.
Amo al que adelanta palabras de oro a sus actos y siempre cumple más de lo prometido; pues quiere extinguirse.
Amo al que se justifica a las generaciones por venir y redime a las desaparecidas; pues quiere sucumbir a la humanidad presente.
Amo al que castiga a su dios, porque lo ama; pues lo ha de perder la ira de su dios.
Amo a aquel cuya alma es profunda aun en la herida y que es susceptible de sucumbir a cualquier experiencia trivial, pues cruza de buen grado el puente.
Amo a aquel cuya alma está llena de rebosar, así que se olvida de sí mismo y todas las cosas están dentro de él, pues todas las cosas lo hunden.
Amo al que tiene el espíritu libre y el corazón libre; pues su mente no es sino la montaña de su corazón, mas su corazón se hunde.
Amo a todos los que son cual gruesas gotas que una por una caen del nubarrón suspendido sobre los hombres; pues anuncian el rayo y, como anunciadores, se hunden.
Yo anuncio el rayo y soy cual gruesa gota que cae del nubarrón; este rayo se llama Superhombre.”
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martes, 20 de enero de 2009

Así habló Zaratustra

*Foto proporcionada por wikipedia.es

“Así Habló Zaratustra”, un libro para todos y para nadie.



“Dios ha muerto”, es una de las tantas célebres frases del filósofo alemán (aunque originalmente prusiano) Friedrich Wilhelm Nietzsche (1844-1900) y la que, de alguna forma, marca el comienzo de su más grande obra, “Así hablaba Zaratustra”, en cuya se muestra a un joven ermita, lleno de sabiduría, que decide abandonar su soledad y sus dos simbólicos animales (una serpiente y un águila), para así bajar de las montañas que habita para iluminar a las personas.


El viaje comienza, como ya lo he señalado, con el descenso de este joven profeta, en el cual se encuentra con la primera persona; un ermita que en la última parte de la conversación que sostienen ambos, éste último señala que se dirigía a alabar a su Dios, lo que hace que Zaratustra termine la conversación, se alejé de él y siga con su viaje. Cuando este joven profeta se encuentra solo nuevamente señala para sus adentros “(…) ¿Será posible? ¡Ese viejo santo en su bosque no se ha enterado aún de que Dios ha muerto! (…)”


Cuando llega a la primera ciudad que encuentra, Zaratustra comienza hablarle a las personas de la plaza, quienes se disponían a ver un banal espectáculo, hablándole de esta manera: “(…) Os anuncio al Superhombre. El hombre es algo que debe ser superado. ¿Qué habéis hecho vosotros para superarlo? (...)” “(…) ¿Qué es el mono para el hombre? ¡Irrisión o penosa vergüenza! Así también el hombre ha de ser para el Superhombre irrisión o penosa vergüenza. (…)” “(…) El hombre es un hilo que une al animal y al Superhombre (…)”. Luego del discurso que le da a la multitud reunida ahí, éstas comienzan a mofarse del “loco”, como lo nombraron, pues no comprendían la grandeza de su discurso. Craso error, con el que Zaratustra comprendió que aquellos no eran oídos para sus palabras y decide volver a su soledad.


Y así comienza la gran travesía de Zaratustra, en la que, a groso modo, se aprecia a él repartiendo sabiduría al mundo, quien en su mayoría no lo escucha o, simplemente, no lo comprende. Ya cuando éste pensó que no existían aún los Superhombres (o como me gusta llamarlos “Superhumanos”), comenzó a encontrarse con unos cuantos hombres, quienes fueron los primeros en los que Zaratustra vio sus características de "último hombre", lo que da un radical giro a la historia...


Esta magnífica obra, que para muchos es una de las más grandes que posee la humanidad, gira en torno a cuatro temas fundamentales:
· La Muerte de Dios; ¿Cómo sería la nueva moral sin el pueril concepto de “dios”?· El Übermensch (traducido al español como Superhombre); ¿Cómo el hombre debe superarse para convertirse en su verdadero dios?· El Eterno Retorno; En pocas palabras, el amor a este mundo.
· La Voluntad de Poder; La herramienta fundamental del superhombre, la mejor fuente de energía con la que el ser puede contar.
Aunque estos cuatro temas no quitan cavidad para otros, como lo son, por ejemplo, temas psicológicos, religiosos, políticos y sociales.

Es un libro construido con muchos aforismos, una escritura inconfundible que eleva aún más el nivel de esta obra y ayuda a adentrarse aún más en las ideas filosóficas de este gran autor, pues es gracias esta aforística escritura, las ideas se vuelven más inciertas, a veces inconsistentes o, incluso, contradictorias, lo le da al lector la obligación (o libertad) de buscar la interpretación que el desee. Sin duda, es uno de esos libros que se debe leer antes de partir…

“Entre mis escritos, ocupa mi Zaratustra un lugar aparte. Con él he hecho a la humanidad el regalo más grande que hasta ahora ésta ha recibido. Este libro, dotado de una voz que atraviesa milenios, no es sólo el libro más elevado que existe, el auténtico libro del aire de alturas; es también el libro más profundo (…)”
Friedrich Nietzsche (1844-1900)

Texto producido por el staff de fromdistantearth.blogspot.com, todo los derechos reservados.